Entonces decidimos escalar juntos la montaña,

en la subida me pediste que por favor no te dejara caer,

apreté tu arnés al mío lo mas fuerte que pude,

asegurándome que supieras que no te soltaria,

lo que no vi venir fue que justo antes de llegar

tu decidiste soltarme y me dejaste caer,

caí... fue una caída larga y tortuosa,

pero en la bajada...

aprendi a volar.

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